Mar mediterráneo Santa Pola

Danza y antropología. Comunicación y terapia – Dance & anthropology. Communication & therapy

Quienes me conocen bien saben que bailar es lo que más me gusta en el mundo. Más incluso que una buena conversación o una buena comida. Que contemplar un bello paisaje. Quizás lo único que pueda rivalizar con ella es la observación de la vida animal… Pero solo eso.

De esto me he dado cuenta más tarde de lo que me gustaría. Me educaron para valorar mucho el rendimiento, lo útil… En realidad mi educación no fue tan mala para haberme dedicado profesionalmente a la danza: dedicación, disciplina, valoración del esfuerzo… Pero lo que falló es que ese esfuerzo tenía que dedicarse a cosas “útiles”, a las que se pudiera sacar un “rendimiento” después.

Ahora pienso, ¿hubiera habido algo más útil que dedicarme a aquello que me hace sentir de una forma tan maravillosa? Pero entonces la familia estaba metida en resolver todos los problemas económicos derivados de la enfermedad de mi padre. Y aquello de lo artístico parecía una frivolidad egoísta… Ni siquiera llegué a planteármelo nunca yo misma. Menos a los demás.

“En comparación con el andar lineal y rectilíneo, la danza, con sus movimientos llenos de arabescos, es un lujo que se sustrae totalmente del principio de rendimiento”

Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio

A veces todavía siento frustración por no haber decidido en su momento dedicarme a la danza. Pero luego me doy cuenta de que en realidad nunca quise bailar para un público. Lo que sí me gustaría es poder practicar más a menudo un baile de tipo social, en el que compartir esta pasión personal con otras personas. Actualmente no es fácil en mi zona practicar este baile “saludable” que yo quiero. Demasiadas veces se asocia el baile a la noche, y esta, al alcohol u otro tipo de sustancias. Y yo me encuentro muy alejada de ese tipo de vida.

Tampoco soy muy amante de los ejercicios estereotipados de las disciplinas profesionales de la danza. Por supuesto me encanta el ballet, el baile español o la danza irlandesa. Soy una gran admiradora de los bailarines y coreógrafos profesionales. Me encanta ver sus actuaciones. Pero lo que más disfruto es la improvisación.

Entiendo el baile como un cantautor enfoca la música. José Luis Perales no necesita una potente voz para comunicar, para canalizar sus emociones e ideas, y compartirlas con el oyente:

Esta canción es una de mis favoritas.

Este mismo punto de vista sobre los cantantes lo aplico al baile.

El arte es, esencialmente, transmitir emociones. Luego ya viene la técnica. La profesionalización. No entiendo por qué necesariamente se ha de tener una gran condición atlética o hacer grandes acrobacias para poder practicar la danza. Al fin y al cabo, se trata en esencia de una expresión de la propia sensibilidad, de las emociones o ideas a través del cuerpo. En cuanto se añaden los movimientos estereotipados de las disciplinas profesionales le estás cortando en gran parte lo que tiene de personal. De canalización libre de las emociones.

¿Por qué ponerle trabas a esta bella forma de expresarnos, y de compartir emociones y divertirnos con los demás?

Nadie dice que un escultor, pintor o cantante tenga que dejar de hacerlo (o no pueda empezar) por la edad. Lo mismo puede ser para la danza. Evidentemente la persona no tendrá la perfecta ejecución de un profesional de 20 años. Pero no la necesita para poder disfrutar de este arte y para comunicar.

La danza no sirve para nada. No es eficaz ni eficiente. No optimiza nada. Pero para muchas personas es una potente herramienta para sentirse mejor. Para mí, bailar es la forma de meditar “a lo occidental”. Lo hago casi cada día desde que era una niña. Me ha liberado del dolor más que cualquier analgésico que haya podido tomar. Ha aumentado mi alegría en los buenos momentos.

Todas las culturas han tenido sus danzas, recogidas en su folklore. No se bailaba para ser vistos, se bailaba para compartir. No era una escenificación, sino un acto social. Las danzas de cada pueblo son una de las primeras cuestiones que cualquier antropólogo observa al llegar a una nueva cultura, junto a las fiestas (que muestran inmediatamente la jerarquización social) y la gastronomía.

No aparece primero el ballet y la persona de la calle lo copia. Es al revés. El ballet surge luego, codificado, para hacer posibles las coreografías. Esta codificación es evidentemente necesaria en el mundo profesional, si se quiere trabajar en grupo ¿Cómo preparar una coreografía grupal si no sabe cada cuál lo que va a hacer y lo puede explicar al resto?

Pero la danza genuina, es la que sale de forma natural del cuerpo.

Leyendo un manual de Pilar Lago Castro, profesora de la UNED, pedagoga musical y danzaterapeuta, me encontré con una cita de Rudolf Laban (1978) en la que manifestaba con nostalgia la necesidad de que el ser humano se exprese y se comunique a través del cuerpo. Recordaba la creatividad y el innovador trabajo corporal de la bailarina y coreógrafa americana Isadora Duncan.

Laban insistía en la necesidad de volver al estudio natural y espontáneo del movimiento libre del cuerpo mientras se expresa a través de la danza:

“Isadora Duncan volvió a despertar el sentido de la poesía del movimiento en el hombre moderno. En una época en que la ciencia, y en especial la psicología, procuraba abolir radicalmente cualquier idea de alma. Esta bailarina tuvo el valor de demostrar con éxito que existe en el flujo del movimiento humano un principio ordenador que no puede explicarse mediante los acostumbrados fundamentos racionalistas”

R. Laban, citado por Pilar Lago Castro

Esta bailarina mítica representa el baile que a mí me gusta de verdad, con el que yo me identifico, la danza en libertad. La comunicación con una misma y con el otro a través del cuerpo. Una de las grandes maravillas de la vida.

Estoy segura que hay muchos otros hombres y mujeres que piensan lo mismo. Por eso me gustaría unirme a un grupo de personas que bailáramos por el mero placer de hacerlo y poderlo compartir. Dentro de las danzas de carácter, el baile irlandés es mi favorito. El sentimiento de conexión con los demás cuando he tenido la oportunidad de practicarlo con otros me ha dado algunos de los momentos más divertidos de mi vida. Salía de aquellas horas de baile compartido como flotando.

Isadora, que nació en San Francisco pero pasó sus últimos años en Europa, se inspiraba en la inmensidad de la naturaleza para bailar. Desde joven se aburría con las clases rutinarias de movimientos repetitivos . Este planteamiento chocó con el academicismo de su tiempo. Le puso la vida difícil. Pero no se dio por vencida, no abandonó su pasión.

“Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas”

Isadora Duncan, Mi vida

Si te interesa especialmente el tema, te recomiendo escuchar este curioso programa de RNE a la carta en el que se incluyen cortes de una entrevista a la bailarina y coreógrafa Alicia Alonso en 1982 (!). Un joya. Explica, con todo el corazón, la relación de la danza con la antropología, con lo tribal.

Aquí la tienes, bailando...

¿Te gusta bailar tanto como a mí? ¿Qué tipo de baile practicas? ¿Tienes algún grupo de baile? ¿Crees que no deberíamos poner obstáculos por la edad? ¿O estás de acuerdo con algunas limitaciones?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s