Andar más, correr menos – Walk more, run less

¿Por qué corremos?

Aunque continuamente estoy hablando de mejorar, no soy partidaria de convertir nuestra vida en una carrera. Subir y subir, completar nuevos retos, cada vez más exigentes en esfuerzo y sacrificio. Como si enfocáramos nuestra vida como una empresa que tiene que subsistir y prosperar en un capitalismo salvaje.

¡Qué cansancio!

La vida no va de escalar, va de disfrutar del camino, poco a poco. No me gusta verla como una batalla sino como un jardín. Los objetivos son importantes, pero no conviene que dominen nuestra vida y perdamos el disfrute del camino.

Nos animan a vivir explotándonos a nosotros mismos. A seguir insatisfechos, hagamos lo que hagamos. En las sociedades puramente industriales del siglo XIX y XX eran los jefes los que nos explotaban. Se hacían horarios salvajes, sin derechos laborales minimos. La mayoría de personas no tenían tiempo más que para trabajar y dormir. Así se vivía mal, pero con menos depresiones. El tiempo estaba tan estructurado que apenas quedaba espacio para preguntarnos por el sentido de la vida, de nuestra estancia aquí.

Pero lo deseable es que tengamos ese tiempo. Aquí me viene a la mente la obra de Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio. Su idea principal se resumiría en: “hoy creemos que nos estamos autorrealizando cuando lo que estamos haciendo es autoexplotarnos”. La sensación de las personas que se educaron y vivieron en los siglos anteriores la llama el “yo superpuesto”, que tiene restringida la libertad para tomar la mayoría de decisiones.

Actualmente ocurre todo lo contrario. En muchas ocasiones tenemos tantas opciones que esa gran libertad nos abruma. Tenemos la sensación de que podemos mejorar continuamente hasta llegar a ese “yo ideal”. ¿Pero realmente podemos?

“La negatividad del “yo superpuesto” restringe la libertad del yo. El proyectarse al “yo ideal”, por el contrario, se interpreta como un acto de libertad. Pero si el yo se queda atrapado en un “yo ideal” inalcanzable, entonces se siente desazonado en toda regla (…)

Del abismo que se abre entre el yo real y el yo ideal surge entonces la autoagresividad”

Byung-Chul Han

¿Para qué corres?

La próxima vez que te descubras corriendo haciendo algo, párate y pregúntate: ¿para qué? ¿No podría vivir este instante de una manera más relajada de forma que lo disfrutara y no lo sufriera?

Si no es posible, pregúntante: ¿Qué puedo cambiar en mi rutina para que la próxima vez que tenga que hacer esto lo pueda hacer con más tranquilidad? Si la respuesta es NADA. Tenemos un problema, amiga. Siempre hay algo que se puede hacer. Por pequeño que sea.

No me gusta nada la frase: “querer es poder”. Creo que encierra una gran crueldad y falta de empatía hacia los demás y hacia nosotros mismos. Muchas veces queremos pero verdaderamente no podemos. Es evidente que para poder primero hay que querer. Pero esto no es suficiente.

Hay veces que por mucho que queramos, no podemos. No está a nuestro alcance.

Como ya he contado en otras entradas, a mí también me educaron así, para correr, para aprovechar “al máximo” el tiempo. Y para valorar sobremanera el esfuerzo. Querer es poder… Pues ahora me parece que no está tan claro.

Siempre recuerdo las palabras de mi padre: “el que algo quiere, algo le cuesta”. Encierran mucha verdad. Pero no puede costar tanto, o si lo hace, a lo mejor no nos interesa quererlo.

Recuerdo la anécdota de estar con mi hermana comprando los adornos de Navidad en un supermercado para decorar el negocio de mi padre. Íbamos las dos hablando animadamente, y, de repente, una de las dos se para, mira a la otra y pregunta: “¿Por qué corremos”.

Efectivamente, estábamos haciendo un recado agradable, para el que nadie nos había puesto una hora tope y nosotros mismas nos habíamos metido la presión en el cuerpo. íbamos a toda máquina, sin darnos cuenta. De repente nos paramos en seco, nos miramos y nos dijimos eso: “¿qué hacemos corriendo?”. Nos empezamos a reír.

Pero la realidad es que tuvieron que pasar muchos años desde entonces para que hiciera algo al respecto. Seguía viviendo a la carrera. Tuvo que venir la salud a frenarme en seco. Ahí sí que paré. Y del todo.

No te dejes llegar a ese extremo. A preguntarte, como me pasó a mí, con 35 años, en la cama de un hospital: “madre mía, y ahora a lo mejor ya no puedo hacer la mayoría de cosas que quería…¿qué he hecho con mi vida?” Había pasado gran parte de la misma preocupándome por cosas que no eran para tanto, intentando planificar el futuro…

Si aun tienes buena salud, da gracias por ello y aprovéchala. Y, si no, si estás en los de mi bando, piensa ¿para qué? ¿Para qué te ha traído la vida esta nueva situación? Seguro que hay nuevas perspectivas, ilusiones o necesidades de las que te has dado cuenta debido al batacazo de salud.

Permítete ser lo más auténtico posible. No te compares. Estás aquí por algo. La naturaleza no fabrica nada superfluo. Tú no vas a ser la excepción 😉

¿Sabes cómo se descubrió la estructura del ADN? Seguramente sí. Si has leído La doble hélice (si no lo has hecho, te lo recomiendo), sabrás que el máximo responsable de este logro lo consiguió en gran medida gracias a su intuición y no solo por los conocimientos técnicos. Watson era biólogo y no químico (como sí lo eran la mayoría de científicos que por aquel entonces investigaban sobre las estructuras moleculares). Por ello, tenía una visión más amplia (aunque menos profunda) que muchos de sus brillantes colegas.

Durante años se sintió algo acomplejado ente tanto químico eminente. ¿Qué iba a conseguir él sin tantos conocimientos de química? Ciertamente le hicieron falta algunos conocimientos más de esta ciencia para llegar a su descubrimiento junto a Crick. Pero fue su perfil diferente al de la mayoría el que permitió la resolución final del enigma de esta estructura. El toque final que dio sentido a todo el trabajo que tantos científicos ya llevaban realizado, cristalógrafos, químicos, pero sin ninguna conclusión final.

Como biólogo, este investigador sabía que todo lo importante en la naturaleza viene por pares: manos, pies, extremidades, ojos, riñones, ventrículos y aurículas del corazón… ¿Por qué el núcleo creador de todas nuestras células, esa estructura que ya se sabía helicoidal, iba a ser simple? No, tenía que ser doble, como todo lo esencial para la vida.

“El verde de la naturaleza es el rojo de mi sangre”

Reescrito a partir de F. PESSOA

La creatividad para la vida buena. Humanidades y ciencia

Precisamente en esta obra, narrada autobiográficamente por Watson, se ve claro que esta tajante distinción moderna entre filosofía y arte, entre intelecto y corazón, entre ciencia y humanidades es discutible. Así lo defienden actualmente especialistas en pedagogía y arteterapia como Pilar Lago Castro, profesora de la UNED. La tradicional distinción entre mito y ciencia que nos enseñan (para simplificar, todo sea dicho) en el Bachillerato, no es tal. El ser humano es inseparable de su pensamiento mágico. Esto lo tienen claro también los antropólogos.

Este es mi punto de partida. El conocimiento es todo uno. La separación entre humanidades, ciencia y técnica es artificiosa. La psicología como campo de investigación es ciencia. Pero la psicología como medio de ayudar a una persona concreta, no puede obviar la parte de la vida que no puede ser demostrada empíricamente. No hay ciencia sin humanidades, y sin ciencia no hay sociedad.

El arte es parte de las humanidades. Su incorporación a la propia vida no solo la enriquece sino que la hace más serena, al contrario de los tópicos que muchas veces se atribuyen al arte o al artista necesariamente loco.

Os dejo la primera parte de uno de mis cuentos favoritos: “La fraga de Cecebre”, recogido en El bosque animado (1944), de Wenceslao Fernández Flórez.

Valle cántabro

En este cuento, impregnado de poesía y humanidad, el escritor español personifica mágicamente a un entrañable bosque para transmitir una sabia concepción de la vida. El lirismo siempre al servicio de lo inefable.

Te cuento el final en la siguiente entrada.

¿Qué te ha parecido el cuento? ¿Lo conocías ya? ¿Eres de los que se define como solo de “ciencias” o de “letras”?

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