Lenguaje: Asperger y la necesidad de confiar en los demás – Language: Asperger’s and the need to trust others

Al explicar en otra entrada cómo resuelvo el problema del lenguaje inclusivo en mi blog, me vinieron a la mente las máximas conversacionales de Grice. Este pensamiento se me cruzó con un artículo que estaba leyendo sobre las personas con autismo de alto funcionamiento (anteriormente llamadas Asperger).

La violación de algunas de estas máximas conversacionales están en la raíz de los problemas que muchos Asperger se encuentran al hablar con otras personas que no tienen estos rasgos TEA (trastorno del espectro autista).

Aclaro antes de seguir, que yo sigo utilizando el término Asperger porque aunque el manual de diagnóstico ya no haga esta diferenciación entre esta condición y el resto de TEA, a mí me sigue pareciendo útil para hablar de algunas problemáticas que ellos tienen y el resto de TEA, no.

Empecé a interesarme por el estudio de esa cuestión, que tiene su origen en la neurología y no en la psiquiatría o la psicología, cuando durante un curso tuve en clase a tres alumnos con este rasgo. Era la tutora de aquella clase, así que tenía mayor relación con los padres. Dos de estos alumnos tenían una psicóloga de la familia que venía cada cierto tiempo a hablar con el grupo de profesores.

Me llamaba la atención como los padres de mis alumnos que presentaban este rasgo venían agobiados, diciendo que sus hijos tenían problemas para organizarse las tareas. Pero nunca decían que tuvieran ningún problema con el lenguaje. Para ellos hablaban estupendamente. Y seguramente muchos lo hacían. Pero no se comunicaban tan bien… El punto de partida nuclear de su “mala organización” era doble: no se quedaban bien con las tareas que se les asignaban oralmente (es mejor que quedaran anotadas en la pizarra) y no tenían la iniciativa de preguntar a tiempo cuando algo no les quedaba claro.

Estos mismos padres (algunos de ellos Asperger, también) no se daban cuenta de que el lenguaje tiene sus registros. Hablar no es lo mismo que comunicar. Que es importante adecuar lo que queremos decir a nuestro interlocutor e ir confirmando durante la conversación que está entendiendo nuestro mensaje con el sentido que realmente queremos transmitir.

Estoy hablando del nivel pragmático del lenguaje. De la adecuación del discurso a la situación comunicativa. De la puesta del lenguaje en el mundo. Ahí es donde las personas con rasgos Asperger tienen su talón de Aquiles. Pero muchos no se dan cuenta.

Esencialmente la persona con el rasgo TEA no es alguien “peculiar” que tiene una rareza en algún aspecto concreto de su vida. O en algún lugar oscuro de su interior. Quien tiene este rasgo TEA percibe el mundo con unas lentes que lo tamizan todo a su paso. El mundo está ahí igual para todos, pero cada uno de nosotros vemos algo bien distinto. Este tema es un clásico de la Filosofía del conocimiento.

Las personas con rasgos Asperger no necesitan ser “tratadas” por eso porque no tienen ningún trastorno psicológico. Se trata de una forma diferente de ser. Como tú tienes la tuya o yo la mía. Pero sí pueden aprender a gestionar mejor este rasgo y comunicarse mejor con los demás.

De igual forma, quien convive estrechamente con alguien con rasgos Asperger, puede mejorar su estilo de comunicación para llegar a una mayor comprensión. Con ello empezará a relativizar los problemas que se le puedan presentar. Algunos encontronazos llegarán a parecer hasta cómicos, vistos desde la distancia.

INCONSCIENCIA DE LAS DIFERENCIAS EN LA COSMOVISIÓN

Posiblemente lo que más llama la atención a un observador externo es que estas personas se centran en las “buenas intenciones” de su mensaje, no en cómo llega verdaderamente su mensaje a los demás. No se paran a pensar que al final lo que importa es que lo que quieren transmitir llegue verdaderamente con la intención que ellos pretenden. Y si no pretender hacer daño a alguien con sus palabras… No hacerlo. La verdad es siempre un valor, pero hay maneras y momentos más adecuados para decir según qué cosas.

El don de la oportunidad es una joya para cualquier tipo de convivencia.

Los Asperger parecen ignorar en gran medida que el otro tiene una visión del mundo diferente, tiene otro temperamento, otro carácter, otra historia, otras circunstancias, otros anhelos… y es posible que decodifique lo que escucha de una forma diferente a lo que su intención pretende.

Esto sucede porque presentan cierta carencia en la teoría de la mente. Aquella por la que tendemos a adelantarnos a lo que piensan los demás mientras hablamos con ellos. No en todas las personas se da en la misma medida, hay grados.

Pero, sea mayor o menor esta carencia en su teoría de la mente, lo habitual es que el Asperger no se tome mucha molestia en lanzar ese feedback necesario para asegurarse de que su mensaje ha sido entendido conforme quiere. Lo suele dar por hecho. Y esto es así en gran medida porque, como cualquier ser humano, tienden a proyectar lo que son al resto de la gente. (Lo de “cree el ladrón que el resto son de su condición”, pero para bien, en este caso).

Es verdad que no son necesariamente unos santos. Pueden equivocarse y hacer daño en algún momento, como cualquiera. Pero en la mayoría de ocasiones sus intenciones son buenas. Por eso suelen estar más expuestos a que otros los engañen. Ellos son tan (a veces) brutalmente sinceros, que dan por hecho que los demás también lo son. Y aquí es dónde se suelen llevar grandes desencantos.

Otra cuestión que proyectan mucho es su autonomía. No suelen ser muy conscientes de que otras personas necesitan recibir muestras más explícitas de apoyo. Ellos son muy independientes y, por ello, no necesitan tanto esta retroalimentación de los otros. Así que no se dan cuenta de que a otras personalidades esta falta de feedback en la conversación les puede hacer sentir como si estuvieran hablando solos. Incomprendidos. Aquí las parejas no-Tea sufren. (No me gusta mucho lo de “normotípico”, todos somos normotípicos, al fin y al cabo. Cada uno a nuestra manera).

Este es un problema recurrente en las parejas en las que alguien tiene rasgos TEA. Si las dos partes no son conscientes de esta problemática, es muy difícil que lleguen a una convivencia armoniosa. El no-TEA se quejará de que el Asperger es frío y egoísta (y no lo es). El Asperger se sentirá abrumado por un compañero que considera agobiante, demasiado demandante (y tampoco lo es)… Es como si se hubieran ido a vivir bajo el mismo techo dos personas provenientes de culturas absolutamente dispares. Ambas valiosas. Pero tan distintas que es complejo hacerlas compatibles en el día a día y requiere de un compromiso sólido, de tener voluntad de abrir más los puntos de vista de cada parte. De aprender un nuevo idioma.

Afortunadamente, he visto parejas que han conseguido mejorar mucho su vida gracias a la nueva perspectiva que han adoptado al tomar consciencia acerca de sus distintos estilos de comunicación. Han conseguido mirar al otro con nuevos ojos y, con ello, han modulado sus expectativas. Se han comprendido mejor y valorado más mutuamente. Han llegado a ver en sus diferencias algo que suma y no un problema.

Finalmente, como en la mayoría de cuestiones de la vida, lo más útil es centrarse en las partes que sí funcionan y alimentarlas. En los puntos fuertes. Sea en nuestra relación de pareja, con otras personas o en la que mantenemos con nosotros mismos.

¿Te encuentras en alguna problemática relacionada con el rasgo Asperger? ¿Eras consciente de la importancia del plano pragmático del lenguaje?

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