FLORES PRUNUS

Vivir sin tóxicos – Living without toxic

En octubre de 2018, justo al salir de mi trasplante de médula, me encontré con la primera edición de un libro que cambió mi forma de entender la ecología aplicada a la vida cotidiana: Vive más y mejor, del Dr. Miquel Porta. Su autor es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Autónoma de Barcelona y catedrático adjunto de Epidemiología de la Universidad de Carolina del Norte. Investiga sobre los efectos de las interacciones entre procesos genéticos, clínicos, ambientales y sociales en el desarrollo de enfermedades.

En esta obra de divulgación, el científico hace un llamamiento a las personas del mundo de las humanidades, de la filosofía y el arte: hay conocimiento científico de sobra para evitar o mejorar muchos de los problemas de salud habituales, pero falta divulgación. Aquí fue cuando empezó a gestarse mi idea de publicar también sobre estas cuestiones.

Por muchas razones, también por grandes intereses empresariales y políticos, la información no acaba de llegar de una forma aplicable a los ciudadanos, y eso hace que muchos conocimientos se queden en papel mojado. Seguramente recordarás cómo el asbesto o amianto hasta hace unos años se empleaba con total libertad en la construcción. Estábamos rodeados de él. Lo difícil de digerir es que hacía décadas que los expertos sabían que era pernicioso para la salud. Pero era un material muy rentable, con alta resistencia al calor, a la corrosión. Ligero y con gran capacidad aislante. Era un chollo… Excepto porque era claramente carcinógeno.

Aun así, se tardaron décadas en informar a la opinión pública, y más años aun en sustituirlo por otros materiales.

Esto que ha pasado con este material, está ocurriendo actualmente con bastantes productos que nos rodean. En muchas ocasiones ni nos paramos a pensarlo. En otras, sí lo sabemos, pero pensamos que no podemos hacer nada al respecto. Como individuos no está en nuestra mano cambiar esto.

Mi última frase puede parecer cierta pero no lo es. Sí hay mucho que podemos hacer y, de hecho, somos solo nosotros, como consumidores, los que podemos cambiar las cosas. En cuanto las empresas ven que hay un movimiento importante de personas que apuestan por consumir de una determinada manera, se ponen las pilas y empiezan a ofrecer productos que satisfacen esa demanda.

Siempre había sido muy consciente de la necesidad de reducir la contaminación ambiental, el consumo de plásticos… Pero no tanto de también hacerlo con nuestra contaminación interna. Sobre esto habla mucho el libro de Porta.

¿Contaminación interna? ¿A qué me refiero?

A la gran cantidad de productos químicos que no son imprescindibles y que se van acumulando en nuestro cuerpo debido, esencialmente, a la alimentación y a los cosméticos y productos de limpieza que empleamos habitualmente. La idea esencial es que se habla sobre los residuos que se permiten en todos estos productos (generalmente en ppm) de forma aislada, pero no se tiene en cuenta lo que generan todos en una persona de forma aditiva. Es decir, si se suma lo que absorbe cada día con todos los alimentos que come, cosméticos que utiliza, etc.

Llegados a este punto, sé que algunas personas dirán: “prefiero no saberlo”.

Entiendo que esto fuera así si no hubiera soluciones. Pero es que sí las hay. Hay otra manera de vivir y de producir alimentos, cosméticos, tejidos o artículos para el hogar.

“No es científico, ni racional ni bueno (moralmente) que neguemos estas realidades históricas, generacionales, actuales. Si lo negamos, faltamos a la verdad y ponemos en peligro la búsqueda de soluciones, que las hay”

Miquel Porta

No hay nada que impida más resolver un problema que negar su existencia. Nuestra calidad de vida no está reñida con un mundo menos contaminado. Es al revés. Un mundo menos contaminado (y ese mundo incluye nuestro cuerpo) implicar más calidad de vida, para las generaciones futuras, pero también para nosotros.

Siempre que se habla sobre medio ambiente se hace referencia a las generaciones futuras. Esto está muy bien. Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos. Es posible mejorar nuestra vida desde ya. Podemos vivir mejor.

Hace unos días, un escritor de ficción y mentor de otros autores al que sigo, publicaba un artículo en el que ilustraba la idea de que “hecho es mejor que perfecto” con la alimentación. Este autor explicaba que la “alimentación ideal” existe, pero es irrealizable porque nadie se la podría permitir. Sería demasiado cara y tan costosa en tiempo que resultaría irrealizable. Me quedé impactada por esta asunción: es imposible comer bien de verdad, no nos lo podemos permitir. ¿Cómo nos podemos conformar con eso? Quienes trabajan en la agronomía y en la industria alimentaria saben que hay conocimientos técnicos y científicos (y recursos) suficientes para que todo el mundo comiera perfectamente. Así que yo soy de las que no se conforma.

Por este convencimiento personal voy a ir intercalando información sobre el tema de vivir con menos tóxicos conforme vaya teniendo tiempo. Hace varios años que llevo con esta cuestión en mente y ha llegado el momento de ponerla en práctica.

¿Te interesa este tema como a mí? ¿Qué haces en tu día a día para vivir con menos tóxicos? ¿Haces ya algún tipo de divulgación?

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