ESCALERA VALLADA EN BOSQUE VALENCIANO

Física, biología y estado anímico: ecosistema y talento – Physics, biology and mood: ecosystem and talent

Siempre insisto en la idea de que no somos islas. Somos seres sociales y, por ello, no somos tan independientes de los demás como muchas veces nos dicen (y nos gustaría). Este intercambio de energía con los demás es innegable. Nuestros organismos son sistemas abiertos al medio que les rodea.

Igual que los átomos intercambian electrones continuamente para subir o bajar de estado, nosotros también subimos o bajamos de energía, nuestra energía fluctúa, cuando nos relacionamos con los demás. No somos búnkeres.

Actualmente se ha podido demostrar con pruebas de imagen que emitimos más campo magnético a través del corazón que desde el cerebro. El corazón emite una onda electromagnética, de gran resonancia. Estas ondas, que ahora ya se pueden medir, van más allá del propio cuerpo. Llegan al otro. En consecuencia, cuando dos personas interactúan, también lo hacen sus campos magnéticos.

Así que es un hecho físico que nuestras emociones no dependen exclusivamente de nosotros. Como cualquier otro animal o planta que crece en su ecosistema sin demasiado esfuerzo adicional, los seres humanos tenemos ambientes en los que nos desarrollaremos mejor. Y con más o menos esfuerzo.

Una persona se puede sentir animada y relajada en un lugar con un determinado tipo de gente, y horrible en otra situación o circunstancia. Algo que a mí me anima puede que a ti te haga sentir cansado. O al contrario.

¿Quién tiene la razón aquí?

Todos.

“Yo soy yo y mis circunstancias”

Ortega y Gasset

Igual que en mi tierra una palmera brota y crece casi sin que nadie se lo proponga, prácticamente sola, en otras latitudes, este mismo tipo de planta necesitaría de un estrecho cuidado para mantenerse con vida. Incluso en algunos lugares será absolutamente imposible que nazca. No importa cuánto esfuerzo le pusiera la palmera. Ese no sería su lugar. La palmera no podría aunque quisiera.

Esto mismo puede pasarte a ti, como a mí en otros tiempos. Que te estés empeñando en encajar en un determinado ambiente, o en las expectativas de otros, o en alguna estructura que tú mismo te has autoimpuesto por prejuicios sobre ti mismo u obligaciones poco racionales que te has marcado.

Muchas veces olvidamos de esto: aunque somos seres racionales, en esencia seguimos siendo animales. Y, como todos ellos, aunque nos podamos adaptar, algunas situaciones o planteamientos requieren de demasiada energía por nuestra parte. Esto sucede generalmente cuando vivimos demasiado alejados de nuestra verdadera esencia.

ENCONTRAR TU ECOSISTEMA TE AYUDARÁ A DESARROLAR TUS TALENTOS

Como ves, mi idea principal aquí es que estamos muy íntimamente ligados a lo que nos rodea y a lo que hacemos. No está todo en nuestro interior: “vamos a pensar en querernos mucho a nosotros mismos y ya está”. No es tan sencillo. Más nos vale que nuestro ambiente y actividades se encuentren lo más alineados posible con quienes somos y lo que necesitamos para estar bien. Para vivir una vida buena.

Tienes que darte cuenta de lo que te hace sentir bien y ponerte a hacerlo cuanto antes. Este acercamiento a tu esencia hará que otras partes menos luminosas de tu día a día pasen cada vez a tener menor importancia.

Quizás otras personas piensen que lo que es mejor para ti es algo distinto. Pero solo tú lo sabes realmente. Tienes no solo el derecho, sino casi la obligación de definir qué es eso que quieres hacer con tu vida. No tienes que justificarte ante nadie. Estando tú mejor, los demás también lo estarán. Y eso hará buena cualquier decisión que hayas tomado antes.

Ya conoces el cuento del patito feo. Nadie en el cuento estaba haciendo nada mal. Aquel patito-grande no tenía ningún problema más que intentar una y otra vez adaptarse a un ecosistema al que no pertenecía. Tampoco estaban haciendo nada mal los patos-normales. Simplemente pertenecían a mundos distintos. Aquel no era el hábitat adecuado para el cisne.

Como el patito, a veces malgastamos nuestra energía porque al no darnos cuenta de quiénes somos realmente, desconocemos nuestras verdaderas necesidades. Estamos tan condicionados por la sociedad, que mezclamos lo que creemos querer con lo que otros piensan sobre nosotros. En otros casos, sí sabemos lo que es bueno para nosotros, pero creemos que no tenemos la habilidad para ello. Puede pasar incluso que sí sepamos que tenemos esta habilidad que puesta en práctica nos permitiría vivir más plenamente, pero no confiamos suficientemente en nuestra capacidad. No confiamos en nosotros mismos.

En estos momentos, tener alrededor a personas que comprendan lo que necesitamos y nuestros valores, es oro puro. Estas personas pueden ayudarte a que te des cuenta de que eres capaz de transformar lo que sea que tengas en tu imaginación en realidad. Ayudarte a que no abandones sin ni siquiera haberlo intentado. El éxito de los otros puede ser tu mejor inspiración. Para mí lo ha sido y sigue siendo. Entendiendo el éxito como ver que la persona se encuentra razonablemente satisfecha de la vida que lleva.

Tu cuerpo habla más contundentemente sobre lo que te hace sentir bien que tu mente. No seré yo quien niegue la necesidad del pensamiento racional, todo lo contrario. Es esencial para cuestionarnos cualquier idea que alguien nos quiera hacer creer porque sí (aquí te incluyo a ti mismo), para generar marcos éticos para el trabajo, para seguir acercándonos cada vez más a la verdad científica… Pero, como ya he comentado, el ser humano no es mayoritariamente racional. Las personas somos, ante todo, animales, mamíferos. Obviar esto es querer negar a la naturaleza.

Todos nacemos con unas características y talentos particulares y con una vida más apropiada para nosotros. Cuando estamos más cerca de ella, el cuerpo habla. Puedes estar más o menos sano, pero, estés como estés de salud en ese momento, te sentirás anímicamente mejor y con más energía.

“Un hombre que no tiene la valentía suficiente para asumir riesgos, nunca conseguirá nada en la vida. No cuentes los días. Haz que los días cuenten”

Muhammad Ali

Hay personas que ganan mucho dinero, pero que al final del día no se encuentran satisfechas con lo que hacen. Otras sí llegan a poner en práctica lo que les apasiona, pero no hacen nada por hacerlo compatible con su trabajo o rentabilizarlo. El dinero es necesario para vivir. Sin él, no se puede hacer gran cosa (por ahora).

Es preciso encontrar un equilibrio.

Podemos ver el dinero como contrapuesto a nuestros intereses más profundos. Pero no lo es. Muchas veces el cultivar nuestros talentos y la tranquilidad económica van juntos. Es difícil destacar en algo que no te gusta o que va reñido con tus valores.

Para ti 🙂

¿Cuál es esa fortaleza que tienes? ¿Tratas de ponerla en práctica en tu vida cotidiana? ¿Sientes que tienes un “ecosistema” que alienta su desarrollo?

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