Cerebro triúnico

Cerebro reptiliano, límbico y racional: el cerebro triúnico y el pensamiento intrusivo/obsesivo – Reptilian, Limbic, and Rational Brain: The Triune Brain and Intrusive / Obsessive Thinking

NUESTROS 3 CEREBROS

Como ya sabrás, nuestra mente no está formada por un órgano compacto. En realidad, está integrada por diferentes estructuras que tradicionalmente se han dividido en 3 partes o “cerebros” que funcionan en continua relación:

  1. CEREBRO REPTILIANO O INSTINTIVO: es la parte más interna de nuestra mente. Su parte más antigua, la más primitiva. Incluye el cerebelo y el tronco del encéfalo. En ella residen los instintos primarios de supervivencia: búsqueda de comida, deseo sexual, respuestas agresivas ante ataques externos. Sus respuestas son instintivas, es decir, automáticas y programadas. No son precedidas por ninguna reflexión.
  2. CEREBRO EMOCIONAL, MEDIO O LÍMBICO: se sitúa justo a continuación, como envolviendo el cerebro instintivo. Está debajo de la corteza cerebral. Comprende diferentes partes: tálamo, hipotálamo, hipocampo y amígdala cerebral. Regula la afectividad y, por tanto, procesa las emociones y el pensamiento intuitivo, emocional o lateral. Nuestro nivel de sensibilidad depende esencialmente de los órganos que se incluyen en este cerebro. Es algo innato. Lo tenemos en común con otros animales, como los mamíferos.
  3. CEREBRO RACIONAL, NEOCÓRTEX O CORTEZA: es la parte más externa del cerebro, por eso también se llama corteza. Es lo que nos distingue del resto de los animales, el denominado “cerebro humano”. Nos da la capacidad de abstracción, imaginación, creatividad, anticipación del futuro… Es decir, se encarga del conjunto de capacidades que hacen de las personas seres racionales, que pueden pensar de forma lógica. Es a lo que nos referimos cuando hablamos de nuestra parte racional.
1. Reptiliano, 2. Emocional, 3. Racional

A esta explicación de cómo funciona nuestra mente se la llama el “cerebro triúnico”. Fue un modelo propuesto por Paul MacLean en los 60s. Con él explicaba los restos que la evolución había dejado en el cerebro humano. El reptiliano es el más antiguo, seguido del límbico. El cerebro racional fue el último en aparecer. Se supone que su existencia es lo que nos diferencia del resto de los animales.

Estas tres partes están en una íntima conexión. Interactúan continuamente. Por ejemplo, el sistema límbico necesita del racional para poder procesar las emociones.

ESTA DIVISIÓN NO ES TAN SENCILLA: REVISIONES DEL SIGLO XXI

La división, con colores incluidos, de nuestra cabeza en tres partes parece así muy sencilla de entender. Pero su funcionamiento es más complejo y global. Todavía queda mucho por conocer sobre esta cuestión.

Este planteamiento del cerebro como una estructura en la que cada parte se encarga de unas actividades concretas, esta siendo ampliamente revisado. Aunque, efectivamente, los seres humanos tenemos estos tres planos mentales, las nuevas investigaciones sugieren que las funciones que cumplen cada parte del cerebro son más dinámicas de lo que parecían. Es decir, que evolucionan y cambian con el tiempo.

También se está demostrando que el pensamiento (procesamiento cognitivo) y las emociones son inseparables. Además, en estos procesos interviene todo el cuerpo, no solo el cerebro. Este es el planteamiento básico de la psicología dinámica ecológica.

Si te interesa leer más a fondo sobre esta cuestión puedes visitar: “The embodied brain: towards a radical embodied cognitive neuroscience”.

Esta idea de partida de la psicología dinámica evolutiva es lo que continuamente defiendo, no solo por lo que he ido estudiando sino, sobre todo, por lo que he podido experimentar, en mí misma y con los demás: la mente es inseparable del cuerpo. También pensamos con el cuerpo. Y lo que pensamos es inseparable de lo que sentimos, de nuestras emociones. Por ello, no somos tan responsables sobre nuestros pensamientos y emociones como nos gustaría.

No obstante, el modelo de cerebro triúnico sigue siendo muy útil para entender mejor nuestro funcionamiento. Nos sirve para tener presente que todos tenemos en nuestro interior estos tres planos de respuesta hacia lo que nos sucede, interna y externamente. Por eso yo sigo hablando de “cerebro reptiliano”, “cerebro límbico”… No estamos seguros de que sus funciones sean tan estancas como parecían, pero lo que sí está claro es que estas distintas actividades se están desarrollando en nuestro interior de forma paralela. Son como los distintos planos de nuestro procesamiento interno y respuesta al medio.

ACABAR CON EL PENSAMIENTO OBSESIVO/INTRUSIVO

Debido a la compleja interacción mente-cuerpo-ambiente de la que estoy hablando, cuando queremos modificar algo que no nos está funcionando, lo más realista es empezar por intervenir sobre lo que sí está completamente en nuestra mano y lo único que podemos observar con objetividad: nuestra conducta. Lo demás, es más automático de lo que nos pudiera parecer. Así que, como siempre, hay que ponerse a hacer cosas. Ponerse manos a la obra y actuar.

Cada vez que alguna idea intrusiva o preocupación te esté molestando, acuérdate de esta cuestión. No empieces a pelearte con tus pensamientos. A mantener laaaaaargos diálogos internos. A decirte: “stop”… Este tipo de autoafirmaciones solo refuerzan aquello sobre lo que no quieres pensar.

Cuando te digan que “controles tus pensamientos”, ya sabes que más que controlarlos, lo que realmente está en tu mano es hacer algo distinto. Esa nueva actividad hará que, efectivamente, tus pensamientos se modifiquen. Pero no al revés.

La solución al pensamiento obsesivo no puede partir del propio pensamiento.

Tienes que salir fuera de lo puramente cognitivo.

Decídete a acabar de una vez con las preocupaciones y pensamientos intrusivos que te restan

Durante mucho tiempo yo me recriminé no ser capaz de domesticar determinados pensamientos instrusivos que me hacían preocuparme por cosas que no podía resolver. Me sentía culpable por no ser capaz de liberarme de ellos y enfocar toda mi energía a cuestiones productivas. Después he aprendido esto, que no estaba tanto en mi mano como creía. Lo que me funcionó fue centrarme en ocuparme en tareas que me motivaban. Y cada vez que estas ideas volvían, más acción.

De esta forma, mi mente fue deshabituándose a este tipo de ideas tóxicas y acabaron muriendo de inanición. Estaba tan ocupada en otras cosas, que no daba de comer a estos pensamientos que me entristecían o angustiaban. Finalmente, desaparecieron.

Actualmente todavía aparecen algunos de estos pensamientos, pero ya me he acostumbrado a no hacerles tanto caso. La clave es esta: no discutas con ellos, porque ganarán. Te conocen mejor que nadie y saben tus puntos débiles. En cuanto se presenten, llama a alguien, ayuda a alguien, ocúpate en algo divertido o exigente para ti. Aunque no lo creas, eso que te hace perder energía, acabará diluyéndose en tu memoria. Como me pasó a mí y a muchas otras personas que han tomado el control de sus ideas intrusivas partiendo de este enfoque.

¿Estás bregando con alguna idea obsesiva que te drena energía? ¿Cómo la combates? ¿Has conseguido finalmente librarte de ellas como yo?

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