El fuego Prometeo. El hombre antes y después del fuego de Prometeo

El fuego de Prometeo y tus aliados creativos – The fire of Prometheus & your creative allies

Si te gusta la mitología y los símbolos, sabrás que el fuego es el símbolo que se atribuye al espíritu creador del ser humano. Este símbolo tiene también su lado oscuro debido a su gran poder destructor. Cuentan que fue el titán Prometeo quien robó el fuego a los dioses y nos lo entregó para que pudiéramos mejorar nuestras vidas. Por esta osadía, fue castigado a vivir encadenado en el Cáucaso, mientras un águila le devoraba el hígado durante toda la eternidad.

Existen muchas versiones de este mito, pero de todas se puede extraer la misma enseñanza: la del aprendizaje a través de las malas experiencias, a través del sufrimiento.

No nacemos creativos y ya está. Aunque la creatividad es algo interno que todos poseemos, puede aprenderse (o, más bien, descubrirse en uno mismo) y desarrollarse. Y en este proceso, las personas que atraviesan nuestro camino son fundamentales. Nuestro ambiente influye considerablemente en que acabemos haciendo lo que de verdad queremos o no.

Prometeo fue nuestro primer aliado creativo. Quiso que dispusiéramos del fuego para que pudiéramos avanzar y ser más independientes. Nos entregó esa herramienta que él sabía tan valiosa. Arriesgándose a ser castigado.

Si te interesa este mito y su relación con el mundo actual y nuestro desarrollo, aquí comparto contigo mi publicación:

“El hombre antes y después del fuego de Prometeo: entre antropología y mitología”

La puedes encontrar en http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/14125 y https://core.ac.uk/download/pdf/16366755.pdf

Contar con aliados en los que apoyarnos es fundamental. Nuevos Prometeos, personas valientes que estén dispuestas a compartir sus aprendizajes y herramientas, su entusiasmo, porque tienen confianza en nosotros y quieren que mejoremos.

Yo he podido contar con la ayuda de personas así, que han supuesto un antes y un después en mi vida. Me han animado, y me han ofrecido nuevas técnicas y perspectivas con las que he podido salir de momentos de oscuridad. Y estoy muy agradecida por ello.


CREATIVIDAD, INNOVACIÓN Y EMPRENDIMIENTO

En otra entrada te hablaba sobre las tres partes en las que tradicionalmente se ha dividido la mente, el cerebro triuno. La escribí porque nuestra mente instintiva es muchas veces la responsable principal de que sintamos miedo ante lo nuevo. Esta parte más primitiva necesita certezas. Recuerda que se encarga de nuestra supervivencia más inmediata. Eso implica control. Y la creatividad y el emprendimiento de cualquier idea implica renunciar al control. Al control de los resultados.

Por eso, cuando nos decidimos a sacar al ruedo nuestra creatividad, nuestra mente lo puede percibir inicialmente con mucho temor, como una amenaza severa a nuestra integridad. Nuestro cerebro instintivo detecta una incertidumbre y reacciona.

¿Cómo?

Agresión, huida o parálisis. Te pones a la defensiva, atacas, te escondes, sales corriendo o te bloqueas. Aparece tu vocecilla interna: ¿pero dónde vas tú? ¿Quién te crees que eres? ¿Y si te sale mal y….? ¿Y si a nadie le interesa esa idea que tienes? ¿Y si pierdes tiempo y dinero para nada?

Sin embargo, la creatividad nos hace mucha falta. No podemos renunciar a ella, por más que nos asuste.

¿Por qué?

Nuestro entorno es cambiante. Para seguir viviendo necesitamos adaptarnos a los cambios, a lo nuevo de cada día. Es imprescindible innovar porque lo que funciona hoy puede no ser útil mañana. E innovar supone mantener viva la creatividad.

Es esa innovación lo que nos permite vivir mejor, como individuos y como sociedad. Por tanto, aunque a nuestro lado más miedoso a veces no le guste, la creatividad está también en la base de nuestra supervivencia y crecimiento. 

Por ello, está en potencia en todos nosotros, porque la necesitamos para seguir delante. No es algo que esté solo al alcance de unos cuantos genios. A veces la desarrollamos y a veces no. Pero la capacidad está ahí para ayudarnos a llevar una vida mejor, y podemos desbloquearla si nos lo proponemos.

Ten en mente que en los problemas de hoy están las oportunidades del mañana.

CREATIVIDAD, ACUMULACIÓN Y ECOSISTEMA

Como he insistido en otras entradas, no estoy hablando de que todos compongamos canciones, pintemos cuadros, seamos chefs de alta cocina o escribamos novelas… (Aunque quizás ese pueda ser tu caso). También me refiero a cómo ejecutamos las tareas cotidianas y al emprendimiento. No sé si puedo pensar en algo más creativo que el poner en marcha un negocio 😉

En mi caso, a pesar de haber emprendido desde bien joven, no tenía ninguna presencia online. Todo lo que había hecho hasta ahora era presencialmente. Y tardé mucho tiempo hasta que me decidí a dar el salto a internet.

Tenía la decisión tomada, pero no pasaba a la acción. Acumulaba material y material escrito y grabado, mientras seguía estudiando más y más. Me convertí en una coleccionista de formación. Y cada vez que estaba a punto de dar el salto y empezar online… Volvía a aparecer el cerebro reptiliano y sus miedos.

Y, ¿sabes lo que pasaba?

Siempre encontraba un pero… Necesitaba un entrenamiento más. Y otras semanas mis ideas en el cajón. Hasta que un día no podía más y volvía a ponerme en marcha.

Pero me empeñaba en el mismo error, que después me llevaba a no avanzar.

¿Sabes cuál?

Compartir mi idea con entusiasmo sin filtrar con quién hablaba.

Inmediatamente, la idea se desinflaba.

A quien se lo estaba contando y realmente me quería, le parecía que estaba haciendo demasiadas cosas, que quizás era mejor que me centrara en descansar… O tenía miedo de que me fuera mal y quería protegerme. ¡Pero yo no tenía ningún miedo de fracasar!

Alguna otra persona con la que compartí mis ideas, resultó que no me quería tanto como yo pensaba (ya habrás oído de sobra hablar sobre el narcisismo patológico) y me hacía el comentario justo (y sutil) para que viera que mi idea no tenía gran valor, ahora la Filosofía ya no está de moda… Quizás mejor que te plantees volver a algo fijo…

Tropecé muchas veces en la misma piedra. (Es consustancial a mi persona el entusiasmarme y querer compartir…) Pero no tropecé 50. Aproximadamente la quinta vez que estaba a punto de empezar online, me había acostumbrado solo a comentarlo con los realmente muy muy cercanos y abiertos de mente. Personas que entendían mi necesidad de volver a normalizar mi vida y de ayudar a los demás. Estas mismas personas lo estaban haciendo ya ellas mismas o lo harían si pudieran.

No se trata de guardarte las ideas para ti. Ya sabes que yo encuentro gran valor en la puesta en común con los demás. Siempre surgen planteamientos interesantes.

Se trata de ser más selectivo y protegerte mientras estás creando algo nuevo. Si no, lo de fuera, si no va en tu misma onda, te puede descentrar muy fácilmente, desanimarte y llevarte a la parálisis otra vez. En cuanto ya tengas en marcha tu proyecto, podrás compartirlo con todos con menos riesgo para ti. En esa fase será mucho más difícil que tu Síndrome del impostor te secuestre y aparezca el autosabotaje.

En mi caso, antes de que me autodisciplinara para guardar mis ideas solo para unos pocos hasta que las tuviera en marcha, llegué a dudar tanto tras hablar con otras personas, que estaban en fases vitales diferentes a la mía, que acabé pensando que estaba usando “demasiado” la intuición.

¿Qué hacía dándole tanta cancha en mi vida? “Si yo siempre había sido una persona muy racional”. Quizás tenía que volver a la idea del “trabajo fijo”. Creo que lo hubiera acabando haciendo en algún momento de flaqueza mental, pero mi salud seguía sin permitírmelo.

Con el paso del tiempo y mirando retrospectivamente, en realidad ha sido al revés. Cuando me ha ido mejor es cuando he hecho caso a esa intuición. Así que cada vez hago más caso de mi cuerpo. Puedo equivocarme, pero al menos no me estoy traicionando a mí misma.

En este proceso de blindar mi trabajo creativo, aparecieron nuevos autores en mi camino, como Peter Sloterdijk y “La irreverencia del pensar”, que me animaron a seguir por la antropología filosófica. Aquí puedes escuchar una entrevista curiosa que le hicieron. La traductora lo tuvo complicado… No estoy de acuerdo en todo con él, pero es alguien que piensa fuera del marco y eso siempre es interesante y motivador.

Las personas que asumen el riesgo de ser ellas mismas son muy inspiradoras y nos animan a seguir adelante.

¿Qué acabé aprendiendo de estas situaciones?

He aprendido a no poner límites a mis pensamientos, a mis ideas, sean grandes o pequeñas, posibles o aparentemente imposibles. Tampoco permito ya que los demás me los pongan. Lo importante es el qué, ya pensaremos en el cómo.

Y lo mejor: hay un momento en que ese “pensar en el “cómo” ni te hace falta. Porque en cuanto el qué esta claro, el cómo, aparece.

¿Magia?

Sí… 😉

Para ti 🙂

¿Tu entorno te apoya cuando tienes nuevas ideas? ¿Tiendes a compartirlas o prefieres no comentarlas hasta que ya estás en marcha?

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