Me he quitado gmail del móvil – I’ve removed gmail from my phone (English below)

Como lo oyes. Parece un fenómeno paranormal estos días, pero lo he hecho.

Te cuento…

Hace meses que venía notando que me había enganchado un poco a consultar el correo electrónico en el móvil. Y a mí, todo lo que se parezca a un enganche, me produce terror… Me daba cuenta de que no era algo muy útil, pero seguía pulsando la pantalla cada dos por tres.

¿Qué estaba esperando con tanto anhelo?

Ni idea.

Lo que estaba claro es que había cogido un mal hábito. Y decidí que tenía que ponerle remedio.

LA TECNOLOGÍA FACILITA LA VIDA

No tengo nada en contra de la tecnología, todo lo contrario, me parece que nos proporciona herramientas extraordinarias que nos ayudan mucho.

Vivo con alguien que se gana la vida con ella (así que como para decir lo contrario 😉 )

Hablando en serio, los últimos años hubieran sido mucho más difíciles para mí si no hubiera sido por internet. Me ha permitido también mantener la cercanía con amistades que viven lejos.

Pero no tengo claro que su abrumadora presencia en nuestra vida personal sea tan buena. Soy más partidaria de su uso “intensivo” en el trabajo.

Con 17 años empecé a trabajar en una oficina como auxiliar administrativa. Por entonces solo teníamos MS-DOS. Vamos, para los ignorantes del mundo de la informática como yo, una pantalla negra con letras verdes o blancas que parpadeaban. Mucho ¡bip! ¡bip! Y “escape”, “escape” cuando te metías en algún lío…^_^

Los programas de gestión y de contabilidad eran ya una maravilla. Eso de poder introducir los asientos contables sin que parecieras un monje copista en una abadía benedictina, me parecía algo mágico. Todavía extendíamos los cheques a mano o con la máquina de escribir (esa “ñ” lanzada con el dedo meñique era épica). Mandábamos cada una de las cartas con la dirección a bolígrafo… Este tipo de “escritos” que obligaban a tener cierta buena letra y que todos los que tenemos unos años recordamos bien.

Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve internet. Fue unos 3 años después. Seguíamos con los programas de gestión y empezamos a utilizar el correo electrónico. Parecía que iba a llegar el año 2000 y, de un día para otro, todos iríamos con coches volantes. Pero llegó ese año y nos pareció que la cosa no cambió tanto.

Sin embargo, visto en retrospectiva, nuestra vida ha cambiado enormemente tras la extensión de internet a la vida cotidiana.

Trabajé en la oficina varios años después de aquello y cada vez que llegaba un software nuevo yo me presentaba “voluntaria” para probarlo y luego explicarlo a otros compañeros. Me gustaba ver nuevas formas de hacer las cosas.

NUESTROS DATOS Y EL PODER DEL CONSUMIDOR

Te cuento esto para que veas que he vivido con bastante entusiasmo estos avances. No soy ninguna “anti-softwares”.

(¡A ver qué haría escribiendo ahora en este blog si lo fuera! Aunque la incoherencia tampoco es que esté muy penalizada…)

Internet es una herramienta muy poderosa y, como todas, es beneficiosa o perjudicial según cómo se utilice.

Más allá de valoraciones, la cuestión es que el mundo empresarial ha trasladado gran parte de su estrategia comercial a acaparar cuanta más información posible sobre nosotros y de nuestro comportamiento online.

Los gigantes tecnológicos nos conocen muy bien como especie. Saben que somos perezosos. Y que nos gustan los colores brillantes, las secuencias que se repiten… Y con el seguimiento al que estamos sometidos estas últimas décadas, cada vez nos conocen más individualmente.

Como es normal, quieren maximizar sus beneficios. (Son empresas, no ONG). No solo quieren que usemos sus productos, quieren que los usemos CUANTO MÁS y MÁS TIEMPO mejor.

Cuantos más datos tiene una empresa sobre nosotros, más puede ajustar sus ofertas para que nos encajen.

El petróleo y el gas de hoy ya no son los productos físicos, ni siquiera los servicios. El negocio de verdad son los datos.

Por eso tanta promoción gratuita. Lo que hoy mueve los hilos es la información, el tráfico que llega a una web.

LOS AUTOMATISMOS NOS QUITAN UN TIEMPO PRECIOSO

¿En qué se traduce esto en la vida cotidiana? ¿Cómo nos afecta?

Que una empresa optimice su producto y así mejore la experiencia de su clientes tiene muchas ventajas. No es nada malo en sí mismo. Yo me suelo dar de alta en muchos boletines porque me gusta ver lo que se cuece, cómo está el mercado. Al final, somos NOSOTROS como CONSUMIDORES los que tenemos la última palabra. Nadie nos pone una pistola en el pecho para que compremos algo.

Tenemos más poder del que creemos. De hecho, si todos decidiéramos un día dejar de comprar determinados artículos y servicios de dudosa calidad, esos productos desaparecerían en tres tardes.

El problema es que tanta información y distracciones a un click, nos acaba haciendo perder el foco con mucha facilidad.

Las empresas desarrolladoras de aplicaciones y software de escritorio saben que la mejor forma para que nos enganchemos a sus productos es eliminar los pasos intermedios. Es decir, enchufar rúteres, claves de acceso…Cuanto más rápido podamos acceder a lo que queremos, mejor.

Hasta aquí, todo bien, ¿no? Si, por ejemplo, puedo acceder más cómodamente al correo electrónico, ¿para qué perder el tiempo?

La realidad es que, al final, estos atajos son la causa por la que acabamos malgastando más nuestro tiempo. Es tan cómodo y fácil entrar…

Quizás tú seas distinto a mí y tengas un autodominio tal que solo mires gmail en el móvil mientras estás trabajando o a unas horas determinadas. Pero yo no soy así. Conozco mis límites. Y sé que si me enfrento a algo que requiere de cierto esfuerzo y tengo a mano algo distraído y sencillo de hacer (como darle al botoncito del móvil para actualizar el correo), voy a acabar dispersándome.

Entro al correo y empiezo a abrir mensajes. Y de cada mensaje surgen nuevas bifurcaciones…

Horror. Procrastinación a la vista… Y luego, carreras para acabar lo que podía haber hecho con tranquilidad.

Lo que me importa de estas situaciones no es tanto no estar “aprovechando” el tiempo. Si has leído alguna entrada mía más, ya sabrás que hace tiempo que me intento alejar todo lo posible de esa visión mercantilista de la vida personal. ¡Qué cansancio! Siempre produciendo… Lo que de verdad me tenía descontenta es que acababa haciendo maratones para terminar los compromisos que había adquirido.

La pena es que había tenido tiempo para hacer todo con cierta calma si me hubiera puesto manos a la obra sin distracciones.

Así que un día me dije: “¿qué es esta tontería de estar cada dos por tres comprobando el móvil?”

Se acabó.

MI SOLUCIÓN: PONER CORTAFUEGOS. MI DIQUE DE CONTENCIÓN

Mi dique de contención empezó a ser proyectado una madrugada. Eran las dos. Tengo un ciclo circadiano vespertino. Soy un búho, de tomo y lomo. Aquí, lo explico.

Me acuesto siempre con lástima. Justo en ese momento es cuando me encuentro mejor. Así que es normal para mí estar leyendo a esas horas.

Pero esa noche empezaron a rondarme ideas inquietantes por la cabeza (¡la dichosa salud y las noches!) y no me concentraba en la lectura.

¿Qué hice? Me levanté, me fui a la cómoda… Y a por el móvil. A mirar el correo electrónico. Y leí un mensaje importante, un problema sobrevenido para el que no podía poner solución en absoluto a esa hora. Así que lo que hice es entorpecerme el sueño todavía más.

Nunca duermo con el móvil cercano a la cama. No estará demostrado, pero estoy segura de que las ondas tan cerca del cuerpo todo el día, buenas, buenas, no tienen que ser. Así que lo mantengo alejado en la medida de lo posible.

Pero no lo tengo lejos de mi alcance solo por la salud física, sino, sobre todo, por mi salud mental. Si me lo dejo en la mesita de noche acabaría consultándolo sin orden ni concierto. Es tan cómodo… Ese fue mi primer cortafuego hace ya varios años: el móvil, lejos. Solo puedo acceder a él si me levanto de la cama.

Con estos “alejamientos” he ido rompiendo los automatismos que las empresas tecnológicas se esfuerzan en que desarrollemos. Antes de esto ya me había puesto otros cortafuegos: no me llega ninguna notificación al móvil. Solo sé que tengo un whatsapp nuevo si entro a la aplicación. (Algunas personas todavía intentan explicarme cómo poner las notificaciones en el móvil. Siguen sin entender que fui yo quien las quitó).

Si dejo que me lleguen las notificaciones sin ningún control, estoy permitiendo que el exterior controle mi tiempo.

Mis cercanos saben que si tienen una urgencia no tienen más que llamarme por teléfono (o por whatsapp si están en el extranjero).

Así que esa madrugada de la que te hablo, ya estaba liberada de muchos automatismos, pero lo del correo electrónico me estaba ganando la partida.

Justo al día siguiente, llegó a mis manos un libro interesante, Make time, escrito precisamente por desarrolladores web, antiguos trabajadores de youtube y google. Ellos llaman “predeterminados” a lo que yo llamo automatismos, haciendo un juego de palabras con las configuraciones informáticas.

No comparto algunas de sus recomendaciones, como las que se refieren al uso de la cafeína, o algunas estructuras que encuentro demasiado rígidas para mí, pero siempre se aprende al leer. Y la forma en que está hilada la historia tiene gracia, con dibujitos y todo (recuerda que los autores saben bien lo que nos gusta).

Creo en las sincronías, en que nada pasa por casualidad…

La noche anterior me había visto sobrepasada por mi mal hábito. Y justo al día siguiente me aparece un anuncio de este libro y empiezo a leerlo. Y llego a lo que se ve que tenía que llegar: un capítulo en el que los mismos escritores eliminaban el acceso directo de su correo en el móvil.

“¡Oh! Esto es lo que necesitaba oír. Hasta aquí hemos llegado”.

Me levanté de la cama, fui a la cómoda y abrí el móvil. Pinché en el iconito:

ELIMINAR

Y adiós aplicación de correo electrónico. Me sentí como si hubiera desenchufado el frigorífico. ¿Iba a poder sobrevivir?

Cuando llevaba dos días así, mi manejo del tiempo mejoró más aun de lo que esperaba. No me daba cuenta, pero esa comprobación casi obsesiva de las “novedades” me generaba una ansiedad de base que no me aportaba nada.

¿ENTONCES NO COMPRUEBAS EL CORREO A DIARIO?

Claro que sí 🙂

Pero me he acostumbrado a abrirlo solo en los momentos en que mi energía está más baja: en mi caso, justo después de comer y al acabar la jornada, antes de ponerme a hacer la cena. Así, cumplo conmigo misma y también con los demás. Si queda alguna gestión importante que leo antes de cenar, me la anoto para atenderla a la mañana siguiente (si hubiera sido algo urgente, me hubieran llamado y lo habría resuelto en el momento).

No me gustan los horarios rígidos, pero, en este caso, el marcarme estos dos momentos puntuales me ha funcionado muy bien. Contesto más rápido, me enrollo menos y, lo más importante, no desperdicio mi energía cuando está en su mejor momento en gestiones que requieren de poco esfuerzo.

Para ti 😉

¿Crees como yo que estamos demasiado tiempo en formato “automático”? ¿Has eliminado también algún mal hábito que habías desarrollado? ¿O a ti no te supone ningún problema esta cuestión?

                    (MY)ENGLISH VERSION 

I’ve removed gmail from my phone

As you hear it. It seems like a paranormal phenomenon these days, but I’ve done it.

I tell you…

I’d been noticing for months that I’d become a bit hooked on checking email on my mobile. And to me, anything that looks like a hitch terrifies me … I realized that it was not very useful, but I kept pressing the screen every two by three.

What were I looking forward to?

No idea.

What was clear enough is that I had picked up a bad habit. And I decided that I had to remedy it.

TECHNOLOGY MAKES LIFE EASIER

I have nothing against technology, on the contrary, it seems to me that it provides us with extraordinary tools that help us a lot.

I live with someone who makes a living from it (so as if to say otherwise 😉

Seriously, the last few years would have been a lot more difficult for me if it hadn’t been for the internet. It has also allowed me to maintain closeness with friends who live far away.

But it is not clear to me that its overwhelming presence in our personal lives is that good. I am more in favor of its “intensive” use at work.

When I was 17, I started working in an office as an administrative assistant. Back then we only had MS-DOS. For those ignorant of the computer world like me, a black screen with blinking green or white letters. Beep! beep! And “escape”, “escape” when you got into some trouble … ^ _ ^

The management and accounting programs were already wonderful. That of being able to enter the accounting entries without looking like a copyist monk in a Benedictine abbey, seemed something magical to me. We were still writing checks by hand or with the typewriter (that “Spanish ñ” thrown with the little finger was epic). We sent each letter with the address in ballpoint pen … This type of “writing” that required a certain good handwriting and that all of us who have a few years remember well.

I remember perfectly the first time I had the internet. It was about 3 years later. We continued with the management programs and started using e-mail. It seemed that when the year 2000 was coming and, from one day to the next, we would all go with flying cars. But that year came and it seemed to us that things did not change so much.

However, in retrospect, our life has changed enormously after the extension of the internet to everyday life.

I worked in the office for several years after that and every time new software arrived I would “volunteer” to try it out and then explain it to other colleagues. I liked to see new ways of doing things.

OUR DATA AND THE POWER OF THE CONSUMER

I tell you this so you can see that I’ve lived these advances with great enthusiasm. I’m not an “anti-softwares” person.

(What I would do writing on this blog now if I were! Although incoherence is not very penalized either …)

The Internet is a very powerful tool and, like all tools, it is beneficial or harmful depending on how it is used.

Beyond valuations, the point is that the business world has moved a large part of its commercial strategy to hoarding as much information as possible about us and our online behavior.

The tech giants know us very well as a specie. They know we are lazy. And that we like bright colors, sequences that are repeated … And with the monitoring that we have been subjected to in recent decades, we are increasingly known individually.

As it is normal, they want to maximize their profits. (They are companies, not NGOs). They don’t just want us to use their products, they want us to use them the MORE and LONGER the better.

The more data a company has about us, the more it can adjust its offers to fit us.

Today’s oil and gas are no longer physical products, not even services. The real business is data.

That’s why so much free promotion. What moves the strings today is the information, the traffic that reaches a website.

AUTOMATISMS TAKE A PRECIOUS TIME FROM US

How does this translate into our everyday life? How does it affect us?

That a company optimizes its product and thus improves the experience of its customers has many advantages. It is nothing bad in itself. I usually sign up for many newsletters because I like to see what’s going on, how the market is doing. In the end, it is WE as CONSUMERS who have the last word. Nobody puts a gun to our chest so we can buy something.

We have more power than we think. In fact, if we all decided one day to stop buying certain items and services of questionable quality, those products would disappear in three afternoons.

The problem is that so much information and distractions at a click, ends up making us lose focus very easily.

Desktop software and application developers know that the best way for us to get hooked on their products is to eliminate the middle steps. That is, plug in routers, passwords … The faster we can access what we want, the better. So far, so good, right? If, for example, I can access email more comfortably, why waste time?

The reality is that, in the end, these shortcuts are the reason why we end up wasting our time the most. It is so comfortable and easy to get in …

Perhaps you are different from me and have such self-control that you only look at gmail on your mobile while you are working or at certain times. But I am not like that. I know my limits. And I know that if I am faced with something that requires some effort and I have something distracted and easy to do at hand (like hitting the button on my mobile to update my email), I will end up dispersing.

I enter the mail and begin to open messages. And from each message new bifurcations arise …

Horror. Procrastination in sigh … And then, races to finish what he could have done with ease.

What matters to me in these situations is not so much not being “taking advantage” of time. If you have read any more of my posts, you will already know that for a long time I have tried to get as far away as possible from that mercantilist vision of personal life. What weariness! Always producing … What really made me unhappy is that I ended up doing marathons to finish the commitments I had made.

The pity is that I’d had time to do everything with a certain calm if I had gotten to work without distractions.

So one day I said to myself: “what is this nonsense of being every two by three checking the mobile?”

It’s over.

MY SOLUTION: PLACE FIREWALL. MY DOCK OF CONTAINMENT

My containment dam began to be projected one night. It was 2 am. I have an evening circadian cycle. I’m an owl. Here, I explain it.

I always go to bed with pity. Right at that moment is when I feel better. So it is normal for me to be reading at that time.

But that night disturbing ideas began to haunt my head (health problems and nights OMG!) And I was not concentrating on reading.

What did I do? I got up, went to the dresser … And took my cell phone. To look at the email. And I read an important message, a problem that had arisen for which I could not find a solution at all at that time. So what I did is make my sleep even more difficult.

I never sleep with my phone close to the bed. It won’t be proven, but I’m sure the waves so close to the body all day, good, good, they don’t have to be. So I keep it away as much as possible.

But it is not far from my reach only for physical health, but, above all, for my mental health. If I left it on the bedside table, I would end up consulting it haphazardly. It’s so easy … That was my first firewall several years ago: mobile, far away. I can only access it if I get out of bed.

With these “distances” I have been breaking the automatisms that technology companies strive for us to develop. Before this I had already set other firewalls: no notification reaches my mobile. I only know that I have a new whatsapp if I enter the application. (Some people are still trying to explain to me how to put the notifications on the mobile. They still don’t understand that I was the one who removed them).

If I let the notifications reach me without any control, I’m allowing the outside to control my time.

My close ones know that if they have an emergency they just have to call me by phone (or whatsapp if they are abroad).

So that morning of which I speak, I was already freed from many automatisms, but the email was winning the game.

Just the next day, an interesting book came into my hands, Make time, written precisely by web developers, former YouTube and google workers. They call what I call automatisms “defaults”, making a play on words with computer settings.

I do not share some of their recommendations, such as those that refer to the use of caffeine, or some structures that I find too rigid for me, but you always learn by reading. And the way the story is spun is funny, with little drawings and everything (remember that the authors know well what we like).

I believe in synchronicities, that nothing happens by chance …

The night before I had been overwhelmed by my bad habit. And just the next day I get an ad for this book and I start reading it. And I get to what it looks like it had to get: a chapter in which the same writers eliminated the direct access to their email on their mobile.

“Oh! This is what I needed to hear. We have come this far.”

I got out of bed, went to the dresser and opened my phone. I clicked on the little icon:

REMOVE

And goodbye email app.

I felt like I had unplugged the refrigerator. Was I going to be able to survive?

When I had been like this for two days, my time management improved even more than I expected. I did not realize it, but that almost obsessive checking of the “news” generated a basic anxiety that did not contribute anything to me.

SO DON’T YOU CHECK EMAIL DAILY?

Of course, I do 🙂

But I’ve gotten used to opening it only at times when my energy is lowest: in my case, right after eating and at the end of the day, before starting to make dinner. Thus, I comply with myself and also with others. If there is any important management that I read before dinner, I write it down to attend it the next morning (if it had been something urgent, they’d have called me and I’d have solved it at the time).

I don’t like rigid schedules, but, in this case, marking these two specific moments has worked very well for me. I answer faster, wind up less, and most importantly, I don’t waste my energy when it’s at its best on low-effort stuff.

For you 😉

Do you think like me that we are too long in “automatic” format? Have you also eliminated a bad habit that you had developed? Or is this question not a problem for you?

4 comentarios sobre “Me he quitado gmail del móvil – I’ve removed gmail from my phone (English below)

  1. Victoria, no puedo estar más de acuerdo. Whatsapp, Gmail, redes sociales… Son productos útiles, pero mal usados nos acaban drenando la energía e incluso llegan a “abducirnos”. Y las compañías que los ofrecen quieren, no lo olvidemos, maximizar beneficios, no quieren nuestro bienestar (o al menos no es lo más importante). Así que buscan trucos para que acabemos cayendo en su consumo abusivo: fácil, tentador y aparentemente gratuito.

    Pongo un ejemplo. Mi madre es una persona que siempre ha estado alejada de las nuevas tecnologías. Y, sin embargo, alguien hace poco la enseñó a usar Whatsapp. Esa aplicación lo hace todo tan sencillo que no se necesita haber tenido ningún contacto con la informática de usuario para aprender a utilizarlo rápido. Pues bien, ahora mi madre interrumpe cualquier cosa que esté haciendo, sea lo que sea, cuando suena el pitido del Whatsapp. Y no solo eso: pretende que los demás hagan lo mismo. ¿Ha ganado con ello mi madre? Yo creo que no. ¿Gana Facebook -propietaria de Whatspp- sabiendo más de nosotros? Estoy seguro que sí.

    Me gusta

  2. Efectivamente, tenemos sumideros de tiempo que nos van mermando la concentración. Hay que cuidar la “higiene del tiempo” y dejar espacios concretos para revisar las RRSS y correo. Yo me he desvinculado el correo personal y profesional del móvil para evitar distracciones. ¡Ánimo con la dieta digital! Ya sabemos que no es bueno comer entre horas…jeje

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s